En el ir y venir dando charlas a grupos de leoneses me anima el entusiasmo que encuentro en muchos de ellos, sobre todo adultos acercándose a la tercera edad y todos inquietos por llevar una relación más armónica con la naturaleza.
Esto se expresa en su interés por la ecología, por la alimentación saludable, por la alimentación alternativa.
En el mundo, las tendencias hacia la cultura del bienestar, la valoración por parte del consumidor de los conceptos de medio ambiente, de cooperación social, de sellos ecológicos en los productos, han permeado en la mercadotecnia de los servicios y han dado también origen a una nueva industria.
Y también a experimentos colectivos en las llamadas “comunas ecológicas” o bio aldeas”.
En el nuevo libro “la ruta de la plenitud” planteo algunos de los sectores económicos que tienen oportunidades de negocio, dado el crecimiento del sector de la Tercera Edad -independientemente de su ingreso económico-: la Industria de la salutogénesis, la salud paliativa, la rehabilitación, la alimentación saludable, la educación continua en ecología, los espacios culturales, los cursos en espiritualidad y en general, los productos relacionados para la interacción del adulto mayor con su entorno para prevención de caídas, alimentación saludable, ortopedia y mejora de la marcha.
Toda esta industria complementada con los servicios de salud preventiva (salutogénesis) dado los cambios en las causas de las enfermedades crónico degenerativas y que crean una oportunidad para industrias nuevas que tienen oportunidades de mercado.
Han sido cuatro décadas desde que los pioneros de las ideas del colectivismo y del ecologismo, iniciamos este movimiento de ideas y es ahora más, cuando la sociedad debe participar activamente, pues la problemática del calentamiento global increpa a nuestras conciencias para que hagamos proyectos colaborativos en las eco aldeas, comunas gerontológicas, co housing, casas ecológicas.
Todas diseñadas con arquitectura bioclimática para que cultivemos con permacultura, vivamos la alimentación alternativa y mantengamos el propósito de mejorar al mundo buscando nuevos esquemas de vida frente al consumismo y el individualismo.
En el libro “la ruta de la plenitud” describo el modelo de la Comuna Gerontológica de la Luz AC, diseñada para asegurar una vida colaborativa y ecológica en la tercera edad.
Las villas son ecológicas, verdes. No sólo porque quien la habita tiene respeto a la naturaleza, sino porque son más económicas. Las casas ecológicas que construyo han mostrado ser más baratas, porque sus sistemas ahorran agua, nutrientes y energía.
Mis casas son “casas verdes” porque en la medida de lo posible, todos o la mayoría de los factores que forman parte en su construcción respetan la naturaleza y mejoran las condiciones de vida en su interior.
Aprovechan los recursos naturales, reducen no sólo el consumo de recursos energéticos, sino que la demanda de agua potable también es mucho menor al captar agua de lluvia, separar grises y negras y reciclar, siendo fundamental que sus espacios se iluminan con luz natural y se ventilan sin necesidad de instalar sistemas de aire acondicionado.
Una comuna ecológica utiliza productos y materiales ecológicos, biodegradables y orgánicos.
Se usan y explotan los recursos naturales con responsabilidad; se aprovecha la energía solar; se reduce el consumo energético; se evita el consumo y/o desecho de materiales considerados tóxicos, se mejora la calidad del aire dentro del hábitat; se reduce al máximo el consumo del agua potable; no generan basura al reciclar y producir composta, se siembran hortalizas y árboles frutales, todo ello por amor al planeta.
Necesitamos más experiencias donde la sociedad pueda conocer lo que es una comuna ecológica constituyendo redes de colaboración que en el esquema de Asociaciones Civiles construyan un futuro mejor.
Al construir prototipos como la Comuna Gerontológica, de la Luz AC buscamos crear una corriente de opinión que convenza a los leoneses de que es necesario y posible, rescatar nuestro ecosistema y vivir armónicamente.
La experiencia de vivir en una comuna ecológica requiere el cambio en los hábitos diarios, pues se debe partir de un convencimiento profundo de la manera de entender al universo, al entorno y a la persona en el sentido de la vida, para poder replantearse a fondo, no de un modo individualista de la vida, sino con un sentido colaborativo.
Se tiene que estar dispuesto a nuevos paradigmas incluidos el uso de la fuerza mecánica de los brazos para aprender a producir los alimentos, abrirse a dar y a recibir, todo en nuevas experiencias de convivencia del adulto mayor.
El futuro deberá ser colectivo; la tercera edad es una realidad para un sector mayor de la población y debemos acelerar experiencias colectivas como ésta, para dar calidad de vida a los adultos mayores.