León, Guanajuato.- Los amantes de la ópera se podrán adentrar en las profundidades de la psique humana en la doble función del Met conformada por el romántico cuento de hadas “Iolanta” de Tchaikovsky y el thriller sobre un sospechoso asesino “El castillo de Barbazul” de Bartók.
Las dos producciones a cargo del director de cine polaco Mariusz Trelinski se proyectarán mañana a las 11:30 horas en el auditorio Mateo Herrera del Forum Cultural, en vivo desde el Metropolitan de Nueva York.
Una hora antes, Josep Jofré Fradera, doctor en Música por la Universidad Autónoma de Madrid, ofrecerá una charla sobre estas dos óperas.
Iolanta, un viaje hacia la luz
En 1891 Pyotr Ilych Tchaikovsky (1840-1893) compuso la ópera en un acto “Iolanta” y el ballet “El Cascanueces” para un programa doble encomendado por el Teatro Imperial de San Petersburgo. Ambas obras se estrenaron el 18 de diciembre de 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo.
Su hermano Modesto se encargó de adaptar “La hija del rey Renato” del poeta danés Henrik Hertz (1797-1870) para el libreto de “Iolanta”, trasladando la acción en Provenza del siglo XV a un intemporal cuento de hadas.
La ópera narra la historia de Iolanta (Yolanda), una princesa ciega comprometida con el duque Roberto, mantenida prisionera en el palacio por su papá, ignorando su enfermedad. Según un médico, ella sólo podrá curarse si se entera de su condición y desea ver. Cuando conoce al conde Vaudémont, la joven tendrá la posibilidad de experimentar no sólo la luz y el color, sino también el amor.
Además de tratarse de un cuento romántico, “Iolanta” es la ópera más personal del autor. Según Timothy L. Jackson, es posible que Tchaikovsky se hubiera identificado con el aislamiento de la protagonista, ya que la preferencia homosexual del compositor también lo mantenía apartado del mundo y creía que sólo podía ser “curada” a través del propio reconocimiento y del deseo de curación.
Y más allá de la fantasía, Tchaikovsky encontró en “La hija del rey Renato” una historia real sobre dos amantes.
“Con la cual (‘Iolanta’) probaré al mundo entero que los amantes en las escenas finales de las óperas deben vivir, y que esto es una verdad real”, escribió a un amigo, después de ver “Tristán e Isolda” de Richard Wagner (1813-1883).
A pesar de esto, el cromatismo de la obra alemana está presente en la partitura, así como la riqueza melódica del compositor ruso y un sofisticado uso del color.
Del elenco de “Iolanta”, estrenada en el Met el pasado 29 de enero, destacan las actuaciones de la soprano rusa Anna Netrebko como Iolanta, el tenor polaco Piotr Beczala en el papel de Vaudémont, Aleksei Markov como Robert y Alexei Tanovitski en el rol del rey.
Tanto en “Iolanta” como en “El castillo de Barbazul”, la dirección musical está a cargo de Valery Gergiev y la producción es de Mariusz Trelinski, quien se inspiró en el cine negro de los años 40.
La mente de un asesino
Béla Bartók (1881-1945) compuso “El castillo de Barbazul” entre febrero y septiembre de 1911 para el concurso nacional de ópera, el cual perdió. No obstante, la obra se estrenó en la Ópera Real de Budapest el 24 de mayo 1918.
Béla Balázs (1884-1949), amigo de Bartók, escribió el libreto en un acto, basándose en el cuento homónimo del escritor francés Charles Perrault (1628-1703).
La ópera cuenta la historia de Kékszakállú(Barbazul), un rico y poderoso hombre, sospechoso de haber asesinado a numerosas esposas.
“Judith ama a Barbazul y, poseída por un enorme deseo de redimirlo, lo ha seguido hasta su castillo. Allí, le pide las llaves de las siete puertas para conocer sus secretos, pero él sólo le da seis.
“En la primera puerta encuentra una cámara de tortura. En la segunda, armas. En la tercera, un tesoro ensangrentado. En la cuarta, un jardín salpicado de sangre. La quinta muestra un paisaje tenebroso. La sexta, un mar de lágrimas y los dolores de la vida. Al final, Barbazul accede entregar a Judith la última llave”, platicó Josep Jofré.
Así, la única ópera de Bartók es un intenso viaje psicológico y un poderoso drama de emoción interior, lleno de simbolismos, así como un desafío para los dos cantantes y la orquesta.
“Musicalmente… lo más llamativo de la obra es la fuerza de las atmósferas musicales, con un uso de la orquesta, de evidente influencia impresionista, donde las líneas melódicas independientes del viento-madera evocan, junto al canto declamado de los protagonistas, un ‘pictoricismo’ sonoro que transmite una cierta inquietud”, explicó el maestro.
La soprano alemana Nadja Michael y el bajo ruso Mikhail Petrenko son los protagonistas de esta ópera, que se canta por primera vez en húngaro en el Met.
*Con informaciónde Thomas May