México. Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea.

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en “no querer” a algo o alguien.

Generalmente las heridas se crean en la infancia debidas a una necesidad emocional no atendida, por uno o ambos padres, de la manera que para nosotros era la correcta.

Cada herida conlleva una máscara, que es como escudo protector, para no entrar en contacto directo con nuestro dolor interior.

Dependiendo de la profundidad de la herida, la máscara se activa más a menudo. 

Características de la herida del rechazo 

Quien vive bajo el yugo del rechazo aprecia el silencio, huye del apego a lo material, le atrae lo intelectual y lo espiritual, tiende a disfrutar de la soledad y a ser parco en palabras. 

De carácter tranquilo, pero oscilante, pasa rápido del amor al odio, de sentirse incomprendido y aislado a sentirse orgulloso de su capacidad de no llamar la atención y de no necesitar de nadie, de negar el dolor que le genera no sentirse amado. 

Suele ser una persona despistada que incluso en su interior vive en un mundo imaginario paralelo para sobrellevar su dolor.

En sus conversaciones o respuestas son recurrentes expresiones como “no valgo para nada”, “los demás lo harán mejor que yo”, “a mí no me importa”, “da igual lo que haga, a mí no me afecta”, “quiero desaparecer”, “quería que mis padres desaparecieran”, “no soy suficientemente bueno”.

 

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