El Papa Francisco ofició una misa a sus compañeros de orden, los jesuitas, y confesó el viernes a un grupo de jóvenes en un parque de la ciudad antes de que inicie uno de los actos más solemnes en la Jornada Mundial de la Juventud, la recreación del viacrucis en el corazón de la playa de Copacabana, conocida por ser el centro de la vida nocturna de Río de Janeiro.
Francisco también ofreció una oración al mediodía y se reunió con un grupo de adolescentes privados de libertad en el Palacio Arzobispal de San Joaquín, en lo que ha sido una de las prioridades desde sus días como sacerdote, obispo y arzobispo de Buenos Aires y que hace parte de la creencia de que la Iglesia católica debe llegar a más marginados y olvidados de la sociedad.
El viernes el Papa también destacó la importancia de preservar y alimentar el diálogo entre las generaciones y destacó la importancia de los abuelos en la vida de la familia.
“En estas jornadas de la Juventud, los jóvenes quieren saludar a los abuelos”, dijo el pontífice antes de pronunciar la oración del Ángelus en un balcón del Palacio Arzobispal, ubicado al sur de Río. “Los saludan con todo cariño y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente”.
Luego pidió a los files acompañarlo a rezar la oración a la Virgen María y recordó que este día la Iglesia celebra a los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús: San Joaquín y Santa Ana.
“Qué importantes son (los abuelos) en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda la sociedad.
En el parque Quinta da Boa Vista, al norte de Río, los organizadores montaron una pequeña capilla con un toldo e instalaron en su interior un pequeño confesionario. Afuera del lugar también había casetas improvisadas para la confesión.
En la mañana, cinco jóvenes, que fueron elegidos a través de un sorteo, tuvieron la oportunidad de que Francisco los escuchara en confesión.
“Fueron cinco minutos de encuentro. Él (Papa) siguió el ritual normal de una confesión, pero después conversamos”, dijo emocionada Estefani Lescano a The Associated Press, estudiante de enfermaría de 21 años procedente de Venezuela. “Yo lo invité a mi país, que lo necesitamos, y él me habló sobre que los jóvenes tenemos la misión de mantener viva a la Iglesia y de propagar el mensaje de Cristo”.
Los otros jóvenes que celebraron el sacramento con el Papa fueron tres brasileños y una italiana.
A unos cien metros de arribo del pontífice a San Joaquín, el vehículo en el que viajaba el Papa se detuvo y él se bajó para bendecir a una niña de cinco años, María di Soria, que sufre de hidrocefalia.
“Dios te bendijo”, dijo a su hija cuando la recibió nuevamente en sus brazos a María Olivia Vilela Barbosa, música y compositora de 48 años, que contó que ha seguido la visita papal por televisión y que cuando se enteró de que el Papa iría al arzobispado, que queda en la misma calle donde vive, decidió llevar a su hija.
“Esto es una fiesta, el Papa es un santo”, dijo Barbosa, temblorosa, conmovida.
Por lo menos 2,000 personas se aglomeraron frente al arzobispado para ver a Francisco.
El pontífice, que mantiene una frenética agenda, salió temprano de su residencia y llegó a la llamada Quinta de Boa Vista, en el norte de la ciudad, un parque urbano con museos y donde se instalaron medio centenar de pequeños toldos o carpas blancas que sirven de confesionarios y en uno de los cuales Francisco recibirá la confesión de cinco jóvenes de distintas nacionalidades.
“Estoy feliz que estamos a la mitad” de la Jornada Mundial, que comenzó el 22 de julio y concluirá el domingo, bromeó Lombardi. Destacó que la intensidad laboral ha sido la norma desde que Francisco llegó al cargo en marzo.
Incluso ahora como Papa, Francisco llama cada dos semanas a un grupo de jóvenes que están en un centro de detención de Buenos Aires, para mantenerse en contacto con ellos.
Esas comunicaciones revelan “su deseo de estar cerca de la gente”, dijo Federico Lombardi, vocero del Vaticano.
El portavoz también informó que no hay planes para que el pontífice viaje a Argentina en 2014, gira que era ampliamente esperada. Indicó que Francisco planea visitar otro continente dado que ya estuvo en Brasil.
El miércoles Francisco anunció, de manera imprevista, que retornará en 2017 a Brasil, cuando se cumplen 300 años del descubrimiento de la figura de la virgen de Aparecida, la patrona de Brasil.
El vocero también minimizó algunos cuestionamientos a los problemas logísticos de la Jornada Mundial, como el lugar de la misa del domingo de Guaratiba a la playa de Copacabana, debido a las lluvias que convirtieron la explanada de la misa en un gran lodazal.
También ha habido problemas para el transporte de los peregrinos por fallas eléctricas en el sistema del metro y la carencia de buses.
Pero el padre canadiense Thomas Rosica, un asistente del vocero del Vaticano, dijo que ha habido problemas similares en distintos países, incluyendo en el suyo, cuando la jornada se realizó en Toronto en 2002. En aquella ocasión hubo una enorme tormenta que afectó a los jóvenes peregrinos que estaban en una vigilia.
El jueves Francisco mostró su lado rebelde al decir a los jóvenes católicos “quiero lío en las diócesis” y los exhortó a lanzarse a las calles para propagar la fe. Y fue un mensaje que puso en práctica al visitar unas de las favelas más violentas de Río de Janeiro e inaugurar la Jornada Mundial de la Juventud en la playa de Copacabana, donde llovió a mares durante la mañana y tarde.
El pontífice fue electo con un mandato para reformar la Iglesia, y en sólo cuatro meses ya ha comenzado a hacerlo: ha infringido normas vaticanas de mucha data en casi todo, desde dónde coloca la cabeza al acostarse hasta cómo se hace el proceso de canonización. Se ha separado su personal de seguridad para acercarse a las multitudes y su primera visita internacional ha mostrado que los fieles le agradecen el gesto.
Llamado “el Papa villero” por su trabajo con los pobres en las villas miseria, Francisco fue recibido apoteósicamente en la favela Varginha, parte de una zona muy pobre al norte del Río de Janeiro tan violenta que los vecinos le dicen la Franja de Gaza. El argentino de 76 años pareció sentirse como pez en el agua, adentrándose en las multitudes, besando a niños y viejos y diciéndoles que la Iglesia católica está de parte de ellos.
“¡Nadie puede permanecer insensible a las desigualdades que persisten en el mundo!”, expresó a los miles que desafiaron la lluvia en un terreno enlodado de fútbol para darle la bienvenida. “Ninguna paz será duradera, ni tampoco la armonía y la felicidad, en una sociedad que ignora, empuja a los márgenes o excluye una parte de sí misma”.

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