Por Shylo Ezekiel
“Tu hermano resucitará”, dijo Yejoshua. “Ya sé que resucitará en el último día”, contestó Martha. Cuando había dicho eso, se fue por su camino y llamó a su hermana secretamente diciendo: “El maestro llegó y te llama”.
Ahora, Yejoshua se encontraba en el mismo lugar, no había entrado al pueblo, donde Martha lo encontró.
Comentarista X: No tiene prisa por ayudar a sus amigos. Ni siquiera se movió. Ajustado al plan perfecto.
María, tan pronto como oyó esto, se levantó rápidamente y fue a él. Los judíos al verla apresurada la siguieron diciendo; “Va a la tumba a llorar”.
Comentarista X: Desgarrador, (humanamente). Para obtener el bien supremo.
Cuando María llegó a donde Yejoshua estaba, cayó a sus pies diciéndole: “Si usted hubiera estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.”
Comentarista X: Y es que a veces pedimos cosas que no nos convienen. Lo mejor divinamente, es lo peor humanamente. Si tuviéramos toda la información y toda la inteligencia, decidiríamos lo mismo que Eloim. “Lo peor es lo mejor”.
Cuando Yejoshua vio su llanto y los judíos también llorando, se acercó a ella gimiendo en el espíritu y se turbó. Y Yejoshua lloró.
Comentarista X: Eloim y Yejoshua estaban haciendo lo correcto. Causa de alegría. Si lo supieran los humanos… No siempre lo malo es malo: resulta bueno al fin. Todo el panorama sería diferente, ver la adversidad como vehículo para algo mejor, cambiaría de llanto a risa nuestro ánimo. Sin embargo, Yejoshua veía la contradicción; se conturbó y lloró.
Entonces dijeron los judíos: “Mira cómo lo amaba. ¿No habría podido este hombre que abre los ojos a los ciegos, hacer que este hombre no muriera?”
Comentarista X: La discrepancia, la carne siempre muestra su inconformidad; escoge lo que le va a dañar; para los que tienen su membrecía en el cuerpo de Yejoshua, las catástrofes no son motivo de tristeza, sino de suma alegría.
Yejoshua, gimiendo otra vez se acercó a la tumba y dijo: “Quiten la piedra”, Martha le dijo: “Señor, para este tiempo (4 días) el cuerpo ya hiede”.
Comentarista X: Tal vez otra cosa que entristece a Yajoshua es el hecho de traer de nuevo el espíritu y el aliento de Lázaro, quien ya se había liberado de la prisión material (el cuerpo) y ya estaba en el lugar donde habita la vida, los espíritus y el tercer cielo. Un llanto fue su reacción en la carne.
“Padre: le agradezco que me escucha”, dijo Yejoshua, “yo sé que me oye siempre, pero a causa de esta gente lo digo.”
Comentarista X: Todo el plan, toda la puesta en escena, va cobrando sentido.
Gritó con voz fuerte: “Lázaro, aproxímate”.
Comentarista X: Los muertos no oyen, Lázaro es el espíritu que recibe la orden de entrar al avatar de nuevo y recuperar el aliento.
Y el que estaba muerto salió atado de pies y manos cubierta su cara con un paño.
Comentarista X: ¡¿movido por el poder del espíritu?! ¿Levitando?
Entonces muchos de los judíos que vinieron con María y habían visto las cosas que Yejoshua hizo, le creyeron a él.
Comentarista X: ¡Bingo! La voluntad buena y perfecta ha sido revelada: ¡Eloim usa las vidas de los que ama para salvar a otros! ¡Pánico!
Mucha gente de los judíos supo que ahí estaba. Pues le habían hecho una comida y Martha servía. Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Ellos vinieron no sólo por Yajoshua, sino porque podrían ver a Lázaro, a quien él levantó de entre los muertos.
Comentarista X: Todo el circo de marionetas resultó desde antes de la creación un éxito.
Pero los sacerdotes principales consultaron para matar a Lázaro, pues a causa de él mucho de los judíos abandonaron su religión y le creyeron a Yejoshua.
Comentarista X: María, Martha y Lázaro, el propósito se cumplió dando dividendos. Todo el dolor y sufrimiento valió la pena. Muchos espíritus regresaron a su hogar… el cielo.
Esta es la vida eterna, que ellos le conozcan a usted, Eloim, y a quien usted envió, Yejoshua Ha Mashiaj.
Comentarista X: Ya lo vamos conociendo. ¡Susto!
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